El Conjunto Figueroa: La ciudad como memoria.

Escrito por: Lilian Paez Martinez

La figura de Luis Barragán suele asociarse como el arquitecto consagrado por el Pritzker, maestro de la arquitectura emocional, el control de la luz y el uso del color. Sin embargo, la exposición Conjunto Figueroa. Memoria emocional, en el Museo Experimental El Eco, invita a explorar una faceta menos reconocida pero urbanamente vital: el arquitecto-promotor que genera espacios para tejer ciudad sin abandonar su papel de hombre de negocios. Las reflexiones se nutrieron del diálogo entre figuras como Félix Sánchez y Pablo Landa, quienes revisitaron una época donde hacer ciudad exigía buscar la utilidad y la eficacia sin concesiones.
Entre 1939 y 1940 Luis Barragán diseñó el Conjunto Figueroa en la esquina de Sullivan y Schultz, en la colonia San Rafael, a unos pasos de donde años después surgiría el Museo Experimental El Eco. El conjunto fue diseñado para los hermanos Arturo y Froylán Figueroa con el doble objetivo de ambos habitarlo con sus familias, y tener un ingreso fijo con la renta de los seis departamentos disponibles y una planta libre para uso comercial. Durante los años treinta y cuarenta, la expansión demográfica impulsó la redensificación y consolidación de colonias como la Cuauhtémoc, la Condesa y la misma San Rafael, donde se ofrecían terrenos a los arquitectos para promover el desarrollo inmobiliario. Barragán participó en esta dinámica de desarrollo especulativo, respondiendo abiertamente al papel del arquitecto como hombre de negocios. Los edificios estaban lejos de la monumentalidad que caracterizó después a sus proyectos, eran edificios principalmente funcionalistas, con un alto carácter de rentabilidad, pero con una innegable calidad arquitectónica. Su valor principal residía en su capacidad para tejer ciudad, la incorporación de usos mixtos con comercio en planta baja y la ocupación estratégica de predios en esquina frente a parques para enmarcar la naturaleza, demuestran una arquitectura enfocada en resolver la habitabilidad cotidiana.

La propuesta curatorial de la exposición nos plantea interpretar al Conjunto Figueroa como una obra precursora de la arquitectura emocional que caracterizaba a Barragán, sugiriendo que los quiebres y sombras en sus fachadas o la penumbra en sus escaleras preceden sus exploraciones posteriores. No obstante, al recorrer los planos y fotografías originales, surge una lectura alternativa. Quizás la verdadera emoción de este conjunto no fue proyectada en un plano, sino que fue construida por el tiempo, los habitantes y la ciudad. Más que un manifiesto poético temprano, el edificio es un contenedor que ha sabido envejecer. La memoria emocional del lugar recae en sus habitantes, la familia Figueroa, los exiliados españoles republicanos, los periodistas y arquitectos que han habitado sus departamentos a lo largo de casi noventa años.

El Conjunto Figueroa nos deja una lección fundamental que debe ser aplicada en la práctica contemporánea: la buena arquitectura no siempre necesita ser monumental y gritar su presencia. A veces, su mayor éxito es saber acompañar a la calle, ofrecer una banqueta activa y convertirse en el escenario donde la ciudad sucede.






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