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02. LO GENÉRICO:Estandarización, repetición y la búsqueda de un lenguaje común

Foto del escritor: FundarqMx
FundarqMx
hace 1 día
8 min de lectura

Por: Maryjose Treviño


¿Qué pasa cuando una solución que funciona empieza a aplicarse en todas partes?

En el artículo anterior hablamos de cómo el diseño cotidiano ha cambiado a partir de una búsqueda constante por la eficiencia, donde vimos que los objetos se han simplificado cada vez más, los procesos de producción se han transformado y muchos de los detalles que antes encontrábamos en los objetos cotidianos cada vez van desapareciendo más. Por lo tanto, si llevamos esta misma reflexión a una escala mayor, entendemos entonces que la arquitectura tiene una transformación similar, donde cada vez es mucho más común encontrarnos con edificios que se parezcan entre sí, aunque se encuentren en diferentes ciudades y contextos.

 

Esta similitud no surge de la nada. Muchas de las soluciones que hoy se repiten responden a la necesidad de construir de manera más eficiente, aprovechar las nuevas tecnologías y resolver problemas que se presentan en diferentes lugares. Una solución que funciona puede entonces trasladarse de un contexto a otro. La pregunta está en qué sucede cuando esta práctica se vuelve cada vez más común y una solución comienza a dejar de responder a las condiciones específicas del lugar en el que se aplica.

 

De la arquitectura al sistema

La industrialización transformó profundamente la manera de producir y construir, haciendo posible fabricar componentes de manera más rápida y en mayores cantidades. La estandarización permitió reducir tiempos, controlar procesos y aprovechar materiales y sistemas que podían utilizarse en diferentes proyectos. En arquitectura, estas posibilidades fueron especialmente importantes durante el desarrollo del movimiento moderno, cuando comenzó a buscarse una manera distinta de construir que respondiera a las condiciones de una sociedad industrial.

 

En 1932, el Museum of Modern Art presentó Modern Architecture: International Exhibition, una exposición que reunió obras de distintos arquitectos europeos y estadounidenses y que contribuyó a consolidar la idea de un lenguaje arquitectónico moderno compartido. La exposición fue posteriormente asociada con lo que se conocería como International Style, caracterizado por el uso de formas rectilíneas, superficies lisas y una arquitectura en la que predominaban materiales como el acero, el concreto reforzado y el vidrio. Lo interesante es que detrás de esta búsqueda no estaba simplemente el deseo de que los edificios se parecieran entre sí, sino la intención de encontrar una arquitectura que pudiera responder a una época diferente y compartir ciertas soluciones.

Por lo tanto, la arquitectura necesitaba adaptarse a nuevas formas de producción, nuevas tecnologías y necesidades sociales. La posibilidad de repetir determinados sistemas significaba que el conocimiento podía compartirse y perfeccionarse, y que una solución que había demostrado funcionar podía utilizarse nuevamente sin tener que comenzar todo el proceso desde cero. En este sentido, la estandarización no debería entenderse únicamente como una pérdida de diversidad, sino también como una herramienta que permitió desarrollar nuevas maneras de construir y ampliar las posibilidades de la arquitectura.

 

Repetir entonces no significa dejar de diseñar, sino encontrar una solución que pueda utilizarse de distintas maneras y, a partir de ella, continuar desarrollando nuevas posibilidades de adaptación. Una cosa es reconocer el valor de una solución y otra muy diferente es dejar de preguntarnos si sigue siendo apropiada cuando cambian las condiciones de un lugar. Porque al final, cada proyecto tiene un sitio, un clima, una orientación, una historia, usuarios y condiciones particulares que modifican completamente su diseño. Por lo tanto, una misma solución puede ser tomada como base, pero al encontrarse en contextos diferentes necesariamente tendría que adaptarse y reinterpretarse.

 

Por eso, la repetición no necesariamente representa una pérdida de identidad. Una solución puede repetirse porque funciona, porque es eficiente o porque permite resolver una necesidad de manera más sencilla. El problema aparece cuando dejamos de utilizarla como una herramienta y comenzamos a asumir que debe ser la respuesta para todo, sin siquiera preguntarnos si debería ser adaptada.

 

Arquitectura genérica

Esta preocupación por la pérdida de particularidad no pertenece únicamente a la arquitectura contemporánea. A finales del siglo XX, Rem Koolhaas llevó la idea de lo genérico al ámbito de la ciudad en su texto The Generic City, publicado en 1995 titulado Small, Medium, Large, Extra Large. Donde en lugar de entender la identidad urbana como algo que necesariamente debe conservarse, Koolhaas planteó una ciudad que se transforma constantemente y que, al hacerlo, puede desprenderse de algunas de las características que tradicionalmente utilizamos para reconocer un lugar. La ciudad genérica puede ser flexible, cambiante y capaz de adaptarse precisamente porque no depende completamente de una identidad fija.

 

La idea resulta interesante porque cuestiona una suposición que normalmente damos por hecha: que toda ciudad y toda arquitectura necesitan ser reconocibles. Si la identidad puede convertirse en una limitación, entonces una arquitectura capaz de funcionar en diferentes lugares también puede entenderse como una forma de libertad. Por lo tanto, una solución que puede trasladarse, adaptarse y reproducirse puede responder con mayor facilidad a las necesidades de una sociedad que también se mueve y cambia constantemente.

 

Pero esta posibilidad también plantea una contradicción. Si una arquitectura puede adaptarse prácticamente a cualquier lugar, ¿qué sucede con aquello que hace que cada lugar sea diferente?

 

Quizá el problema no está en que una arquitectura pueda repetirse o adaptarse, sino en qué tanto necesita cambiar para hacerlo. Una misma solución puede funcionar en diferentes contextos, pero eso no significa que tenga que hacerlo exactamente de la misma manera. Cuando las condiciones del lugar dejan de intervenir en el diseño, la capacidad de adaptación puede terminar produciendo el efecto contrario: una arquitectura que funciona en cualquier sitio precisamente porque podría estar en cualquier sitio.

 

Aquí aparece una diferencia importante entre adaptar una solución y simplemente trasladarla. Adaptar implica reconocer aquello que cambia entre un proyecto y otro; trasladar supone que esas diferencias no son suficientemente importantes como para modificar la respuesta. En ese punto, lo genérico deja de ser solamente una manera de hacer arquitectura más flexible y comienza a convertirse en una forma de hacerla intercambiable.

 

La originalidad

Muchas veces entendemos lo original como aquello que surge por primera vez, sin depender directamente de algo que existía antes. Bajo esta idea, es difícil hablar de una arquitectura completamente original, pues la realidad es que siempre se ha construido a partir de referencias, conocimientos, experiencias e ideas que se acumulan y transforman con el tiempo. Las formas de habitar, construir y entender el espacio no aparecen de manera aislada; se retoman, se modifican y se reinterpretan constantemente. Las ideas pasan de una obra a otra, de una cultura a otra y de una época a otra, modificándose en el proceso.

 

Incluso lo que hoy consideramos innovador suele tener detrás una serie de referencias que ya existían. Por eso, el problema no está en utilizar algo que ya conocemos, sino en utilizarlo sin preguntarnos qué necesita cambiar y cómo podemos reinterpretarlo. Un edificio no necesita ser completamente diferente para tener carácter; puede partir de ideas conocidas y aun así responder de manera particular a las condiciones de un proyecto. Lo importante no es solamente de dónde viene una solución, sino cómo se transforma al encontrarse con un nuevo contexto.

 

El contexto como parte del diseño

Quizá una de las diferencias más importantes entre repetir una solución y adaptarla está en la manera en que entendemos el contexto. Muchas veces pensamos en el contexto como una condición que limita lo que podemos hacer, cuando en realidad esas mismas condiciones son las que le dan forma a un proyecto. Por lo tanto, aunque se implemente una misma solución, al adaptarse a contextos diferentes difícilmente dos proyectos terminarán siendo iguales.

También es importante reconocer que la arquitectura difícilmente puede reducirse a soluciones universales, porque aunque una misma solución pueda repetirse y adaptarse a un contexto territorial diferente, cada proyecto responde también a las personas que lo habitan y a la manera en que utilizan el espacio. Muchas veces, los usuarios no ocupan los espacios como fueron previstos, sino que los modifican, los apropian y les dan funciones distintas a las planteadas originalmente. De esta manera, los edificios no permanecen iguales a lo largo del tiempo, porque también cambian las necesidades, las formas de habitar y las personas que los utilizan.

 

Esta condición hace difícil pensar en la arquitectura como una solución única y definitiva. Robert Venturi abordó esta idea en Complexity and Contradiction in Architecture, publicado en 1966, al cuestionar una arquitectura que buscaba resolver cada proyecto de manera clara y reducida. En su lugar, defendió la posibilidad de incorporar distintas necesidades y condiciones dentro de una misma obra, incluso cuando estas entraran en contradicción. Por eso afirmaba: “I prefer ‘both-and’ to ‘either-or’.”, haciendo alusión a que una obra no tiene que responder a una única necesidad ni resolverse de una sola manera.

 

Lo que Venturi cuestionaba no era simplemente la simplicidad como forma, sino la idea de que la arquitectura puede reducirse a una sola respuesta. Donde, una obra puede contener distintas condiciones, necesidades e incluso contradicciones sin que estas tengan que eliminarse para llegar a una solución única. En ese sentido, el proyecto no se define solamente por una respuesta inicial, sino por la manera en que logra incorporar aquello que lo hace particular.

 

Estandarización vs carácter

La posibilidad de combinar estandarización y carácter lo podemos observar en el trabajo de Alvar Aalto. Ya que su arquitectura incorporó las ventajas de la producción industrial y de los productos estandarizados, pero buscó al mismo tiempo mantener una relación con aspectos sensoriales del diseño, como el color, la luz, el sonido y los materiales. El Museum of Modern Art señala que Aalto desarrolló lo que denominaba estándares flexibles, buscando combinar las posibilidades de la tecnología y de la producción replicable con la variación creativa.

Este ejemplo resulta interesante porque demuestra que la discusión no tiene que plantearse entre estandarización o individualidad. Es posible utilizar un sistema repetible sin convertir el resultado en una repetición exacta. Donde la estandarización puede establecer unas condiciones de partida, mientras que el proyecto puede modificarlas dependiendo de sus necesidades.

No necesariamente necesitamos inventar una solución para cada edificio, pero tampoco necesitamos aceptar que una solución que funciona de una manera deba funcionar exactamente igual en todas partes. Podemos compartir conocimientos, sistemas y tecnologías y, al mismo tiempo, permitir que cada proyecto se interprete de acuerdo con sus propias condiciones.

 

Quizá por eso resulta tan difícil definir exactamente qué hace que una arquitectura tenga carácter. Ya que no siempre está en una forma reconocible ni en un material particular. Puede encontrarse en la suma de decisiones que hacen que una obra tenga sentido en un lugar determinado. Puede estar en la manera en cómo entra la luz, en cómo se relaciona una obra con la calle, en cómo envejece un material, en cómo una estructura responde a una condición particular o en cómo un espacio permite que sus usuarios lo transformen con el tiempo. Son decisiones que pueden parecer pequeñas cuando se observan por separado, pero que juntas pueden hacer que un edificio deje de sentirse intercambiable.

 

El carácter entonces aparece cuando entendemos por qué una arquitectura es como es. Cuando podemos reconocer que no llegó a esa forma únicamente porque era la solución más rápida, más popular o más reproducida, sino porque existieron unas condiciones que llevaron al proyecto en esa dirección. En ese sentido, tener carácter no significa ser diferente de todo lo demás; significa tener una razón para ser como se es.

 

Esto también cambia la manera en que podemos entender la originalidad. Tal vez no consiste en hacer algo que nadie haya hecho antes, sino en conseguir que una solución conocida adquiera un significado particular al encontrarse con un nuevo contexto. La arquitectura puede aprender de otras arquitecturas sin dejar de construir su propia respuesta. La estandarización no es el enemigo del carácter, la repetición tampoco; Ambas han permitido que la arquitectura avance, que el conocimiento se comparta y que determinadas soluciones puedan utilizarse de manera más eficiente. El problema aparece cuando dejamos de considerar estas herramientas como medios y comenzamos a utilizarlas como respuestas automáticas.

 

Una solución puede funcionar muy bien y seguir necesitando ser modificada. Un sistema puede repetirse y aun así producir resultados diferentes. Un lenguaje común puede existir sin que todas las obras tengan que verse igual. La arquitectura no necesita rechazar aquello que ya conoce para encontrar nuevas posibilidades; necesita volver a mirar las condiciones particulares de cada proyecto antes de decidir cómo utilizarlo.

 

REFERENCIAS

 

Museum of Modern Art. (1932). Modern Architecture: International Exhibition. New York: Museum of Modern Art.MoMA — Modern Architecture: International Exhibition 

 

Museum of Modern Art. (s. f.). International Style.MoMA — International Style 

Koolhaas, R., & Mau, B. (1995). “The Generic City.” En S, M, L, XL. New York: The Monacelli Press, pp. 1248–1264.OMA — S, M, L, XL 

 

Venturi, R. (1966). Complexity and Contradiction in Architecture. New York: The Museum of Modern Art.MoMA — Robert Venturi / Complexity and Contradiction in Architecture 

 

Museum of Modern Art. (s. f.). Alvar Aalto.MoMA — Alvar Aalto

 
 
 

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