La arquitectura como acto colectivo: lecciones de Craig Dykers
- FundarqMx
- 10 abr
- 5 Min. de lectura
Una conversación sobre paisaje, comunidad y el papel de la arquitectura más allá del objeto, a partir de la charla de Craig Dykers en la Ciudad de México.

En el marco de las actividades organizadas por el Colegio de Arquitectos de la Ciudad de México y la Sociedad de Arquitectos Mexicanos, en colaboración con Node y la Embajada de Noruega, se llevó a cabo en la Ciudad de México un diálogo con Craig Dykers, cofundador del despacho noruego Snøhetta.
Más allá de tratarse de la visita de una figura influyente dentro de la arquitectura contemporánea internacional, el evento se posiciona como un espacio de intercambio entre contextos profundamente distintos, el escandinavo y el mexicano, donde las preguntas sobre paisaje, identidad y comunidad adquieren una relevancia particular. En este sentido, la charla no se limita a la exposición de una práctica profesional, sino que abre una reflexión sobre cómo se construye arquitectura en territorios complejos y culturalmente densos.
En México, donde la arquitectura se configura a partir de una superposición de capas históricas; desde lo prehispánico hasta lo colonial y lo moderno, el proyecto difícilmente puede entenderse como un objeto aislado. La condición del territorio exige una práctica capaz de leer tensiones, reconocer contextos y operar dentro de una multiplicidad de sistemas simultáneos. Es precisamente aquí donde la postura de Dykers encuentra resonancia.
A lo largo de la charla, uno de los planteamientos más insistentes fue la crítica a la arquitectura concebida como objeto autónomo. “There’s a lot of criticism about iconic buildings”, mencionó, señalando cómo muchos proyectos terminan respondiendo más a una lógica de imagen que a una relación real con su entorno. Sin embargo, su postura no es completamente excluyente: reconoce que estos edificios, muchas veces entendidos como “candy for the eye”, también tienen un valor, en tanto generan impacto, atracción y visibilidad.

El problema, entonces, no radica en su existencia, sino en su predominancia como modelo aspiracional. Frente a esto, propone un desplazamiento: entender la arquitectura como un proceso relacional, donde “landscaping is key to sustainable design” y donde el proyecto se construye a partir de lo que ya existe.
Al mismo tiempo, cuestiona la nostalgia como motor de proyecto: “nostalgia is important because it makes people want to return to decay”, una frase que, lejos de ser literal, apunta a cómo la idealización del pasado puede impedir enfrentar la complejidad del presente. En ambos casos, la arquitectura requiere una mirada crítica, situada y consciente.
Esta postura no es ajena a la identidad de Snøhetta. Desde su práctica, el despacho ha insistido en disolver los límites entre arquitectura, paisaje y diseño, operando desde una lógica interdisciplinaria donde el proyecto no se concibe como objeto terminado, sino como un sistema abierto. Más que imponer una forma, su trabajo busca generar condiciones: espacios que se activan a través del uso, la topografía, la luz y la interacción social.
En este sentido, el paisaje deja de ser un elemento complementario para convertirse en una condición fundamental del diseño. Incluso en contextos urbanos, la arquitectura se inscribe dentro de sistemas más amplios donde lo natural, lo construido y lo social coexisten. “We make the site beautiful”, mencionó, pero esta belleza no se entiende como un resultado superficial, sino como consecuencia de una lectura profunda del lugar.
Más aún, habló de la importancia de hacer que el sitio esté vivo. La arquitectura, desde esta perspectiva, no se limita a ocupar un terreno, sino que lo activa, lo transforma y lo vuelve dinámico. Un sitio vivo implica movimiento, interacción, cambio; implica que el espacio no está terminado al momento de construirse, sino que continúa evolucionando a partir de quienes lo habitan.
Esta forma de entender el proyecto desplaza la atención del objeto hacia la experiencia. La arquitectura deja de ser algo que se contempla para convertirse en algo que se vive, donde el valor no reside en su forma final, sino en las relaciones que es capaz de generar a lo largo del tiempo.
Esta forma de entender la arquitectura implica también una transformación en el rol del arquitecto. Más que imponer una visión, el proyecto se construye a partir de la observación. “You only see that by observing”, afirmó, subrayando que la capacidad de leer el contexto es lo que permite generar propuestas relevantes.
Otro de los conceptos centrales en la charla es el de balance. Para Dykers, el proceso de diseño se construye a partir del equilibrio entre múltiples dimensiones: lo técnico, lo estético y lo social. Sin embargo, este equilibrio no surge de eliminar el riesgo, sino de aprender a enfrentarlo.
En este sentido, criticó la forma en que tradicionalmente se enseña arquitectura: por un lado, se promueve el diseño sin limitantes, donde todo es posible; por otro, se enfatiza el riesgo al punto de condicionar completamente el proyecto. Frente a esta dualidad, Dykers propone una tercera postura: aprender a diseñar a partir del riesgo, no evitándolo ni subordinándose a él, sino integrándolo como parte del proceso.
Diseñar desde el riesgo implica tomar decisiones informadas sin miedo a la incertidumbre, entendiendo que los conflictos del proyecto no son obstáculos, sino oportunidades para generar respuestas más específicas y situadas.

Dentro de esta lógica, la arquitectura adquiere también una dimensión profundamente social. “Buildings define a sense of society”, mencionó, enfatizando que el diseño tiene la capacidad de influir en la manera en que las personas se relacionan entre sí.
Sin embargo, hace una distinción clave: prefiere hablar de communities en plural, en lugar de community. Utilizar un solo término implica asumir una homogeneidad que no existe, invisibilizando la diversidad de grupos que coexisten dentro de un mismo contexto.
Pensar en múltiples comunidades implica reconocer diferencias, tensiones y necesidades diversas. En este sentido, diseñar espacios que realmente resuenen con las personas requiere ampliar la mirada, entendiendo que el proyecto no responde a un usuario abstracto, sino a una multiplicidad de realidades simultáneas.
Particularmente en contextos como el mexicano, donde la identidad se construye a partir de múltiples influencias, el proyecto no puede aspirar a representar una narrativa única. Como él mismo señaló: “richness in culture comes from conflict”, reconociendo que es precisamente en la tensión donde surge la posibilidad de generar nuevas formas de arquitectura.
Sin embargo, más allá de los conceptos y las posturas teóricas, uno de los momentos más significativos de la charla fue una reflexión sobre el proceso creativo. Dykers habló de la importancia de la intuición como herramienta de decisión, señalando que no siempre es necesario tener todas las respuestas desde el inicio.
Personalmente, esta idea fue una de las que más resonó. En un contexto académico y profesional donde constantemente se exige certeza, control y claridad absoluta, pensar la arquitectura desde la intuición implica asumir la incertidumbre como parte del proceso. Confiar en no saber completamente desde el inicio no es una debilidad, sino una condición que permite abrir el proyecto a nuevas posibilidades, explorar caminos inesperados y expandir el conocimiento más allá de lo previsto.
Más que ofrecer respuestas definitivas, la intervención de Craig Dykers plantea una pregunta fundamental: ¿cómo puede la arquitectura dejar de operar como objeto para convertirse en un medio de mediación entre distintos sistemas?
En un momento donde la disciplina corre el riesgo de reducirse a la producción de imágenes, su postura propone un regreso a lo esencial. Observar, entender y construir en relación con otros. Desde esta perspectiva, la arquitectura deja de ser un fin en sí mismo para convertirse en una práctica que articula paisaje, cultura y comunidad, reconociendo que su verdadero valor no está en lo que representa, sino en las relaciones que es capaz de generar.







Comentarios