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Plazas de Cuadra de la Morelos

  • Foto del escritor: FundarqMx
    FundarqMx
  • 24 mar
  • 7 Min. de lectura

Por: Jesús Tovar, Coedición: Arantza Briffault


La avenida Morelos es uno de los corredores urbanos más emblemáticos de Torreón. A lo largo de más de un siglo ha concentrado recuerdos familiares, expresiones artísticas, movimientos sociales y la vida cotidiana de varias generaciones. Durante décadas funcionó como el punto de encuentro por excelencia, un lugar para caminar, mirar, conversar, comprar y ser parte de un paisaje urbano activo. Sin embargo, con el paso del tiempo el corredor perdió vitalidad. La irrupción dominante del automóvil, el deterioro del mobiliario, la falta de mantenimiento y un desarrollo urbano desordenado lo transformaron en una vía dura, más cercana al tránsito vehicular que a la convivencia social.

Frente a este problema surgió la propuesta Plazas de Cuadra, presentada en el concurso nacional convocado por el Colegio de Arquitectos de la Comarca Lagunera con la colaboración entre SPA Arquitectos y Tovarendón+Arquitectos. La iniciativa parte de una premisa fundamental… revitalizar el Paseo Morelos respetando su memoria, reforzando su identidad y convirtiendo cada una de sus manzanas en una plaza viva con vocación propia. El objetivo es reconstruir el valor social de la avenida, no a través de un gran gesto urbanístico unitario, sino mediante una serie de micro-centralidades que, manzana por manzana, conformen una narrativa coherente del corredor.


Diagnóstico inicial


Antes de plantear soluciones, los equipos realizaron un análisis exhaustivo de la situación actual del paseo. Detectaron cerca de cuarenta problemas que explican su deterioro. En primer lugar, los materiales utilizados en banquetas y superficies generan un efecto térmico extremo bajo el sol lagunero, convirtiendo la vialidad en un espacio hostil durante buena parte del día. Las pocas áreas sombreadas elevan el malestar térmico y disminuyen la permanencia peatonal.


También se identificó la falta de funcionalidad de las fuentes, la mala ubicación de luminarias y la presencia de cables eléctricos aéreos que incrementan la contaminación visual. El mobiliario público existente es insuficiente o incómodo, lo que desincentiva el descanso y la estancia. El comercio ambulante aparece disperso y sin regulación, generando desorden y obstrucciones que afectan la movilidad. A ello se suma el deterioro de fachadas y edificios históricos, muchos de ellos sin iluminación ni mantenimiento adecuado. La señalética es confusa, la circulación vehicular interrumpe la experiencia peatonal y no existe un diseño cohesivo que unifique el trayecto.


Pero el problema va más allá del desgaste material. Aquí el deterioro no es únicamente físico, es la manifestación visible de una desatención prolongada, de una renuncia paulatina al espacio público como lugar donde se construye comunidad. Una banqueta rota, un edificio abandonado o una luminaria que no funciona no son solo fallas técnicas; son símbolos de una relación quebrada entre la ciudad y quienes la habitan.


En conjunto, este diagnóstico no solo describe un espacio descuidado; revela una ciudad que ha permitido que su propia historia se apague a la intemperie. Durante años, el Paseo Morelos dejó de ser atendido como un escenario de identidad y se convirtió en un pasillo de tránsito, un sitio que se cruza rápido, sin detenerse a mirar. Las fachadas que alguna vez fueron orgullo local hoy permanecen opacas, cubiertas de polvo o intervenidas sin criterio, como si la memoria pudiera resistir eternamente sin cuidado.


La ausencia de cohesión urbana profundiza esta sensación. Cada cuadra parece pertenecer a un tiempo distinto y a una intención distinta: señaléticas contradictorias, comercios improvisados, sombras inexistentes, colores deslavados. No hay un hilo conductor que permita al peatón entender el paseo como un todo; la ciudad se lee fragmentada, sin relato, sin continuidad.


La circulación vehicular añade una capa de ruido y tensión que interrumpe la experiencia humana del lugar. El automóvil se impuso como protagonista, desplazando al peatón a los márgenes. Lo que antes era un corredor de paseo se convirtió en una vía de paso. Ya no se camina: se esquiva. Ya no se conversa: se acelera. Ya no se contempla... se cruza.


En el fondo, lo que este diagnóstico pone sobre la mesa es una pregunta incómoda, ¿Qué revela el estado de un espacio público sobre la salud emocional de una ciudad? La Morelos deteriorada es también un espejo del olvido colectivo, del abandono silencioso de lo común. Y, al mismo tiempo, es una invitación a pensar en su recuperación no como una obra de infraestructura, sino como un acto de reconciliación con la propia identidad urbana.



Concepto general: quince relatos urbanos


La propuesta Plazas de Cuadra se organiza alrededor de un concepto narrativo, cada cuadra del Paseo Morelos puede convertirse en una plaza temática con su propia identidad. Las quince manzanas previstas funcionan como capítulos de un libro urbano, donde cada espacio cuenta un fragmento de la historia de Torreón.


Entre las plazas sugeridas se encuentran la Plaza del Pensador, la Plaza de los Músicos, la Plaza de las Mujeres, la Plaza de las Bicicletas y la Plaza 2 de Abril, cada una vinculada a personajes, episodios o expresiones culturales del entorno lagunero. La propuesta contempla la reubicación de elementos simbólicos que hoy están descontextualizados o abandonados, como la estatua de Pilar Rioja o la escultura dorada de Morelos, devolviéndolos al espacio público para reforzar la memoria colectiva.


Además, el proyecto plantea la restauración de edificios históricos, su adecuada iluminación y la homogeneización de las fachadas mediante pintura blanca y toldos inspirados en los comercios tradicionales del siglo XX. Esto no solo recupera coherencia visual, sino que también refuerza una estética propia del lugar.



Diseño urbano: sombra, mobiliario, accesibilidad y vegetación


El diseño urbano propuesto busca transformar al Paseo Morelos en un corredor peatonal confortable, accesible y estéticamente coherente. Para ello se contemplan banquetas amplias, áreas de descanso, mobiliario ergonómico, nuevas fuentes contemporáneas y un sistema de áreas verdes que mitiguen el clima extremo de la región.


Uno de los elementos más simbólicos de la avenida son sus palmeras, consideradas patrimonio vivo del centro de Torreón. El proyecto propone conservarlas íntegramente, reforzar su presencia e integrarlas como eje vertebral de la vegetación. A ellas se sumarían especies endémicas como mezquites, huizaches, mimbres y lágrimas de San Pedro, generando sombra, frescura y biodiversidad, sin talar ningún árbol existente.


La accesibilidad universal es una prioridad, todas las plazas incluirán rampas, señalización táctil y condiciones adecuadas para personas con movilidad limitada o discapacidad visual. Asimismo, se propone el cierre total al tránsito vehicular, manteniendo únicamente los accesos de emergencia. Esto permitiría transformar el paseo en un espacio seguro, agradable y orientado a la convivencia, favoreciendo también la actividad comercial local.



El arte como identidad


Aunque el objetivo principal es recuperar la vitalidad urbana, el proyecto reconoce que ningún corredor histórico puede revitalizarse plenamente sin integrar la dimensión simbólica que lo hizo significativo en primer lugar. Por ello, el arte no se concibe como un adorno, sino como un componente estructural de la identidad del Paseo Morelos. La propuesta incorpora intervenciones de arte urbano, murales, piezas escultóricas y colaboraciones directas con artistas laguneros, con el fin de restaurar la relación emocional entre la comunidad y su entorno físico.


Estas intervenciones no buscan llenar el espacio de objetos decorativos, sino construir una narrativa cultural continua, capaz de acompañar al peatón a lo largo del trayecto. El corredor se transforma así en una galería abierta, donde la arquitectura se vuelve soporte y marco, los muros funcionan como lienzos y las plazas de cuadra se convierten en escenarios donde la memoria, la identidad y la creatividad se expresan de manera tangible.


El arte funciona aquí como un lenguaje urbano, capaz de dialogar con el pasado y al mismo tiempo señalar futuros posibles. Murales que evocan personajes, momentos históricos o valores comunitarios; esculturas que resignifican elementos patrimoniales; instalaciones que animan la sombra, la luz o el movimiento del viento; todos estos recursos permiten reconstruir el vínculo entre los habitantes y su ciudad. En lugar de un corredor indiferenciado, la Morelos se convierte en un relato visual que habla del origen, de la transformación y de las aspiraciones de Torreón.


Este enfoque reconoce que los ciudadanos no solo recorren un espacio… lo leen. Lo interpretan. Lo recuerdan. El arte, integrado de manera orgánica al diseño urbano, activa esa lectura sensorial e intelectual. El peatón deja de ser un mero transeúnte y se convierte en espectador y protagonista de su propio entorno.


Finalmente, la incorporación del arte cumple una función social profunda: reforzar el sentido de pertenencia. Un espacio intervenido con obras de artistas locales, con símbolos entendidos por la comunidad y con guiños a la historia compartida, no solo embellece la avenida, sino que crea un sentimiento de reconocimiento y orgullo. La estética se vuelve instrumento de cohesión. El paisaje urbano se convierte en memoria viva. Y el Paseo Morelos, antes degradado por la indiferencia, puede renacer como un circuito cultural que integre a vecinos, visitantes, comerciantes y a toda la ciudad.



Implementación en etapas


El plan de intervención se organiza en tres fases consecutivas de oriente a poniente:

  1. De González Ortega a Galeana

  2. De Galeana a Falcón

  3. De Falcón a Valdez Carrillo


Estas tres fases cubren quince manzanas. Sin embargo, el proyecto tiene potencial para extenderse a lo largo de hasta 56 cuadras, desde el boulevard Águila Nacional hasta la avenida Calixto Contreras. Esta gradualidad permite que la vida de la avenida continúe durante la remodelación y que los ajustes necesarios se realicen de forma progresiva.


Cada plaza de cuadra está diseñada para reflejar simbólicamente distintas etapas históricas de Torreón. Su secuencia funciona como una lectura urbana del pasado y el presente de la ciudad.Para garantizar la permanencia de la transformación, se plantea actualizar el reglamento del Paseo Morelos, regular su actividad comercial y asegurar el cuidado continuo de sus elementos urbanos.


Un futuro posible


Más que un proyecto arquitectónico, Plazas de Cuadra es una estrategia cultural y urbana de largo alcance. Su impacto no se limita a embellecer un corredor: propone revitalizar el centro histórico, impulsar actividades turísticas y artísticas, promover el comercio local y fortalecer la identidad lagunera. El Paseo Morelos podría convertirse nuevamente en el corazón simbólico de la ciudad, un espacio donde caminar, conversar, encontrarse, ver arte y construir comunidad.


Esta iniciativa representa una reconciliación entre Torreón y uno de sus espacios más representativos. En lugar de resignarse a la degradación del corredor, el proyecto lo reinventa como una plaza continua, abierta y significativa. El futuro del Paseo Morelos no está solo en su diseño físico, sino en la recuperación de su función social: ser un lugar donde se vive la ciudad, donde se cruzan historias y donde se produce memoria colectiva.


 
 
 

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