Cuerpos de arena, preguntas de concreto
- FundarqMx
- 13 jun
- 4 min de lectura
Crónica del evento Sin máscaras: el lado más humano del diseño por |TAQ y PENSARQ_ en la Arena Coliseo
Adriana Pamela García Monroy
Me encontraba frente a mi ropa sin saber bien qué ponerme; no terminaba de entender si era un evento formal o informal. Opte por ropa obscura y una capa ligera con colores prendidos. Nunca había entrado a la Arena Coliseo. Mi proximidad a este espacio se reducía a historias, noticias, novelas y películas. Mientras accedía, recordé la película La calle de la amargura (2015), fue la última película que vi donde se mostraba La Arena Coliseo -aunque ya había ido a la Arena México mi experiencia era bastante lejana a la perspectiva de Ripstein- al ingresar, identifiqué espacios que mostraba la película: el ring, los asientos, los pasillos, las escaleras. Todo esto envuelto en una atmósfera completamente distinta, aquí el color era el protagonista de toda la escena, rojos, amarillos, verdes y azules salpicaban el espacio.

Tras escoger desde donde vería toda la acción, me acomodé en mi asiento y sentí la presión del edificio sobre mí, percibí la estrechez del espacio y como esta se abría paso sobre el ring, entonces comprendí por qué le llaman “El embudo de Perú 77”.
Después de algunos minutos de espera, las personas a mi alrededor tomaron asiento en sus respectivas manchas de colores y dió inicio el espectáculo. “¡Y aquí, Coooooooomenzamos!”: entre luces, emergieron de la parte trasera diferentes luchadores, los rudos y los técnicos. Envueltos en gritos ahogados y comentarios tímidos, los cuerpos empezaron a girar, saltar y rebotar contra las cuerdas. Poco a poco la diversión fue aumentando conforme avanzaban los rounds, los gritos y las expresiones se iban acompañando de risas y ruidos; detrás de mí, de un grupo de tres amigos, salió el comentario: “bueno, pero todos sabemos que es actuado”, refiriéndose a una serie de golpes que le dieron a un técnico tras hacer varias piruetas en el aire. Al escucharlo, les dí la razón.
Muchas de las personas que compartíamos el espacio sabíamos que no eran golpes reales, pese a ello, no se volvía menos impresionante, al contrario: el ring se vuelve un escenario con telón de cuerdas, convirtiéndose en una verdadera puesta en escena. En este caso, le doy la razón a los técnicos: se requiere una capacidad escénica impecable para ser un profesional de la lucha libre.
Después del momento en el que reflexionaba sobre la intersección entre las artes escénicas y los saltos que daba en el aire El Zucaritas -como lo apodó en el momento la multitud-, comenzó a reproducirse un video en el que apareció la leyenda “Lo que enriquece a la arquitectura es todo aquello que no es arquitectura”. Con esa premisa, mi experiencia aquella noche se abrió a las posibilidades y a la imaginación. Comprendí que el evento, así como |TAQ y PENSARQ_ optaron por salir del cubo blanco que se suele trazar divisiones y evita las oportunidades que permite la interdisciplina.
Pensando en lo anterior, de la mano con la presentación de la Arquitecta y Directora Tania Quirarte, articulé una vasta perspectiva para comprender el eje sobre el cual la Arquitecta Taide Buenfil presentaba su ponencia, o desde la arena, su lucha sobre el ring. El tono en que llevó su presentación fue ligero, cronológico y conciso.

Buenfil inició con una línea del tiempo en la cual visibilizó como había transcurrido el tema de la “salud” desde tiempos previos a Benito Juárez hasta el siglo XXI. Mientras repasaba los hechos, mencionó las grandes guerras del siglo XX, y cómo ellas fueron un quiebre para replantear la relación que se tenía con la salud mental y física, durante la recapitulación de eventos, mi mente se quedó en los años 60s debido a que la arquitecta, a través de preguntas mencionó la situación de esa década: “ver la vida desde lejos y preguntarse ¿Hasta dónde la discapacidad la tengo yo? Y ¿hasta donde las circunstancias urbanas son limitantes?”.
Acto seguido, mencionó la existencia del reglamento de construcción, en donde se plantea la accesibilidad que, del papel al concreto suele perderse, y se queda como un breve atisbo sin concretar una verdadera accesibilidad. Lo anterior fue señalado mediante anécdotas que en diferentes momentos y circunstancias la han llevado a pensar que el diseño urbano y la arquitectura se conciben únicamente para hombres jóvenes con todas sus capacidades.
Al escuchar lo anterior recordé a Pope.L. y sus múltiples performances Crawls. El artista repta por diferentes calles de Nueva York con el objetivo de ser visto. Cuenta que cuando es un hombre posicionado desde la verticalidad, caminando en sus dos piernas y vestido con un traje es alguien que acepta la situación de cotidianidad. En cambio, cuando va arrastrándose por la calle, la gente lo voltea a ver con malos ojos. A ras de suelo, él experimenta el mundo desde otro lugar: olores, el piso caliente, el peligro frente a los autos y la acentuación del racismo. Este performance lo relacioné con lo que mencionaba Buenfil: si bien, toda aquella normatividad existe en papel, es intangible para aquellos cuerpos diferentes que transitan el espacio de formas diversas.

Finalmente, la Arquitecta cerró señalando la relevancia de comprender que hay diferentes formas de habitar y leer el mundo; por lo que se deben llevar acciones respecto a la accesibilidad desde la creatividad, la estética y la funcionalidad real. Rescato una de las sentencias más contundentes que nos regaló la arquitecta: “Todo lo que se hace, afecta la calidad de vida de las personas [...] Nuestro diseño puede mejorar el día, o la vida de alguien”
Al finalizar la presentación, la noche fue amenizada por pláticas, palomitas de sabores y algunas margaritas de colores, y se permitió recorrer el espacio con mayor libertad. Mi primera experiencia en “el embudo de Perú 77” fue más bizarra y enriquecedora de lo que hubiera pensado al llegar con algunos colores en mi ropa y con La calle de la amargura en mi memoria. En el evento Sin máscaras: Mostrar el lado humano del diseño, |TAQ y PENSARQ_ convirtieron la arena en tierra fértil para que sigan germinando ideas que permitan un mejor diseño de la ciudad para todas las personas que la habitamos.






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